- CCIV - Al mismo Príncipe (de Ascoli) A restaurar tornaba el nuevo día la aurora, cuando el sueño le mostraba al pastor principal que nos guardaba, la imagen que, ya muerta, en él vivía, diciendo: «¡Oh parte que del alma mía fuiste la que viviendo más amaba!, del Reino que en el Trino acá esperaba, por consolarte, el Señor de él me envía. Cesen, pues, ya las lágrimas y el luto; ¿a qué sirve llorarme, si mi suerte pasó de grande a muy mayor estado? Alégrate, pastor, y con el fruto del árbol mío que cortó la muerte, consuela a ti y al español ganado.»