- XXIV - Al rebaño mayor de sus cuidados que a la orilla del Po paciendo se iba, dijo Vandalio con la mente esquiva, los ojos de sus lágrimas bañados: «Paced, mis ovejuelas, pues los hados, la envidia ajena y la aspereza altiva de la ribera de Pisuerga os priva y de sus verdes y floridos prados. Si en las hierbas halláis amargo el gusto, si el agua es menos clara que solía, si os muestra el cielo invierno a primavera, no es fuera de razón, antes muy justo, pues tan lejos estáis del alma mía, que sea todo al revés lo que antes era.»