- I - De la incierta salud desconfiado, mirando cómo va turbio y furioso Betis corriendo al mar, dijo lloroso Vandalio, del vivir desesperado: «Recibe, ¡oh caro padre!, este cansado cuerpo de un hijo tuyo, deseoso de hallar en tus ondas el reposo que negó la fortuna a mi cuidado. Haz, padre, que estos árboles que oyendo la causa de mi muerte están atentos, la recuenten después de esta manera: Aquí yace un pastor que amó viviendo; murió entregado a Amor con pensamientos tan altos, que aun muriendo, amar espera.»