- XXX - De las doce a las cuatro había pasado, por la quinta carrera el sol corría, sin que del resplandor que dar solía muestra de su beldad, luz haya dado. O escondido o transpuesto o de un nublado negro, lleno de horror, se le cubría al mísero Vandalio, el cual no vía sin él por do seguir con su ganado. Llenos de un triste humor tenía los ojos el cuitado pastor mirando el cielo, mostrando sin hablar su desventura. Cuando, por renovar viejos enojos, quitándose y poniendo el sol un velo, mostró y tornó a esconder su hermosura.