- XLVI - Para justificarme en mi porfía tal vez muevo la pluma que os alabe, y antes de comenzar pide que acabe de celoso temor la fantasía. Pónesele delante al alma mía temor que os perderé si tal se sabe, y no decir de vos lo que en vos cabe dice Amor que es traición y cobardía. Hágome alguna vez más atrevido y digo: «¡Qué temor tan sin prudencia! ¡Aménla cuantos hay debajo el cielo!» Ved si debo de estar ya bien perdido, cuando, siendo incurable mi dolencia, pienso en ajeno mal hallar consuelo.