- XXXVI - Triste avecilla que te vas quejando por feos ramos y por turbias fuentes, pues que no son mis males diferentes, vente agora aquí do estoy llorando. Verásme de pesar desesperando, de placer apartado y de las gentes, después que aquellos ojos son ausentes, por quien vivo muriendo y suspirando. Lloras tu soledad y yo la mía: consolemos los dos pues que tenemos una misma razón de estar muriendo. Y aquí, desamparados de alegría, por aquellos desiertos andaremos en llantos tristes continuo gimiendo.