- CLXXIV - Padre me llama el sol del alegría, a mí la vista del más entristece; apenas alejándose anochece cuando muero por ver venido el día. Todo cuanto en la tierra el cielo cría reposa con la noche, en mí parece que con fuerza mayor a la par crece también la oscuridad del alma mía. Y si del que mal hace es deseada, que no querría ver luz en todo el año, ¿por cuál razón a mí me desagrada? que demás de tratar de día mi daño, en la noche, al descanso aparejada, soy más cierto ministro de mi engaño.