- CXXXVII - Como al que grave mal tiene doliente, después de haber con la paciencia larga faltado la virtud, que el mal se alarga, la rabia y el dolor hace impaciente; y como cuando afloja el accidente, la lengua el pesar la culpa carga, la conciencia se duele, el alma amarga, y de cuanto ha hablado se arrepiente. Así en la furia yo de aquel tormento que me causáis, me quejo y me maldigo, y ruego a Dios que cual me veis os vea. Después me reconozco y arrepiento, mas no puedo hacer, por más que digo, que lo que dije ya, dicho no sea.