- XXXIV - Pues todavía queréis ir mis suspiros do siempre soléis ser tan mal tratados, trabajad de llegar disimulados, quizá con tal ardid querrán oíros. Sabe Amor si quisiera hora seguiros para ver si osaréis ser tan osados; mas, ¿para qué?, si van dos mil cuidados míos allá, tras vos, para serviros. Si os llegáis, al llegar, con la osadía que hora partís de mí, decidle manso: «Señora, piedad, ¿por qué tan fiera?» Mas si, como he temor, de sí os desvía, básteos darle a entender con un descanso cómo el verme sin él hace que muera.