- VIII - Con ansia que del alma le salía, la mente del morir hecha adivina, contemplando Vandalio la marina de la ribera bética, decía: «Pues vano desear, loca porfía, a la rabiosa muerte me destina, mientras la triste hora se avecina, oye mi llanto tú, Dórida mía. Y si tu crueldad contenta fuese, por premio de esta fe firme y constante, que sobre mi sepulcro se leyese, no en letras de metal, mas de diamante, Dórida ha sido causa que muriese el más leal y más sufrido amante.»