- CLXI - Sabe Dios sin saber de vos deseo, y témolo saber más que la muerte: ved, señora, cuál es mi mala suerte, de qué contrarios tormentar me veo. De no saber de vos tan mal poseo que en fiera rabia el desear convierte; y por no saber nueva en que no acierte, el triste desear huyo y rodeo. Así el que ve la nave irse abrasando, estando dentro en ella en la batalla, modo para salvarse anda buscando; mas doquiera que va su muerte halla: el enemigo, el contrastar nadando; y en la nave ella viene sin buscalla.