- XXXII - Aires suaves, que mirando atentos escucháis la ocasión de mis cuidados, mientras que la triste alma acompañados con lágrimas os cuentan sus tormentos, así alegres veáis los elementos, y en lugares do estáis enamorados las hojas y los ramos delicados os respondan con mil dulces acentos. De lo que he dicho aquí, palabra fuera de entre estos valles salga, a do sospecha pueda jamás causarme aquella fiera. Yo deseo callar, mas ¿qué aprovecha? que la vida, que ya se desespera, para tanto dolor es casa estrecha.