- LXXXIV - De la contemplación del pensamiento crece la voluntad mi fantasía; del dulce imaginar del alma mía hace el Amor en mí firme cimiento; del pensar nace en mí el contentamiento que da más viva fuerza a mi porfía; tanto mi desear las alas cría cuanto nacen de más conocimiento. Las partes que de vos esta alma entiende, mientra que más las voy considerando mayor ardor al corazón envío: como fuego que tanto más se enciende cuanto más leña en él irán echando. ¡Ved, pues, si es inmortal el fuego mío!