- CLVIII - Cercado de terror, lleno de espanto, en la barca del triste pensamiento, los remos en las manos del tormento, por las ondas del mar del propio llanto, navegaba Vandalio; y si algún tanto la esperanza le da propicio el viento, la imposibilidad en un momento le cubre el corazón de oscuro manto. «Vandalio, ¿qué harás hora? -decía-. Fortuna te ha privado de la estrella que era en el golfo de la mar tu guía.» Y andándola a buscar, ciego sin ella, cuando por más perdido se tenía, la vio ante los nublados ir más bella.