- CCXL - A don Luis de Cotes, Obispo de Empurias Ando siempre, señor, de pena en pena, de llanto en llanto y de uno en otro fuego; ni por andar ni por tener sosiego dolor afloja o mi fortuna es buena. El alma de años ya y de daños llena, que ciega nuestros apetitos ciego debría volver de tan dañoso juego a vida más tranquila y más serena. Si el alma misma es causa de su daño, ¿por qué la causa? Y si la fuerza el hado, el arbitrio ¿qué es del?, ¿qué libre tiene? Pues yo no sé entender mal tan extraño, suplícoos me digáis de este pecado quién es primera causa o dónde viene.