- XLII - Demóclito y Heráclito Demócrito Heráclito Demócrito Heráclito De tu tristeza, Heráclito, me espanto, y de nuevo me admiro cada hora que, viendo el mundo y lo que pasa ahora, ya no hayas convertido en risa el llanto. Yo me admiro, Demócrito, que cuanto en este triste siglo que empeora crecen más las miserias de hora en hora, más crece tu placer tu risa y canto. ¿Pues quién no reirá si, en paz o en guerra, el gobierno del mundo y del consejo es todo desconciertos y locura? Lo que a ti te da risa a mí me aterra, eso me tienen ya doliente y viejo, y eso me llevará a la sepultura.