- XXI - Vivir, señora, quien os vio, sin veros, no es por virtud ni fuerza de la vida, que, en partiendo de vos, fuera perdida, si el dejaros de ver fuese perderos; mas de tantos valor es el quereros, que, en teniédoos el alma en sí esculpida, de su vista y memoria, que no olvida, ninguna novedad basta a moveros. Así, aunque lejos de vuestra presencia, vos sola me estaréis siempre presente y no me faltaréis hora ninguna, sin que pueda tenerme un punto ausente el áspero desdén, la cruda ausencia, nueva llaga de amor, tiempo o fortuna.