- XII - Solo y penoso en páramos desiertos mis pasos doy, cuidosos y cansados, y entrambos ojos traigo levantados a ver, no vea alguien mis desconciertos. Mis tormentos así vienen tan ciertos, y van mis sentimientos tan cargados, que aún los campos me suelen ser pesados porque todos no están secos y muertos. Si oigo balar acaso algún ganado, y la voz del pastor da en mis oídos, allí se me revuelve mi cuidado. Y quedan espantados mis sentidos, cómo ha sido no haber desesperado después de tantos llantos doloridos.