- XXIV - Delgadamente amor trata conmigo, con dulzuras ablanda el sentimiento, porque mejor con el primer tormento me derrueque y me deje sin abrigo. En viendo el bien, a Dios doy por testigo, un sobresalto viene al pensamiento, que el temor basta a ser mi enterramiento aunque nunca tuviese otro enemigo. Cobrado miedo a cualquier aventura; mi sentido consigo se aborrece; resiste a todo, por tentar su cura, a su dolor, porque es contra natura, y al deleite, pues tanto le enflaquece, que le dispone para más tristura.