- LX - Alto monte el Olimpo, do se escribe que no llega a subir ningún nublado, ni alcanza allá el furor apoderado del viento, por más chozas que derribe, sobre sus altas cumbres me recibe porque allí esté seguro y sosegado, un claro amor, que el alma me ha ilustrado con la clara virtud que en mí concibe. Miro de allí do estaban los amores que perdido en el mundo me traían; y miro por cual arte sus errores, concibiendo dolor, maldad parían. Nacieron de la cual otros dolores que en deshonra medraban y crecían.