- LIX - Gran tiempo fui de males tan dañado, por el dañado amor que en mí reinaba, que a sanos y a dolientes espantaba, la vista de un doliente tan llagado. Me convenía andar siempre apartado, según de mí la gente se apartaba; y aquello en que más ya me reposaba era hartarme de ser desdichado. Me vi sano después en un momento, y vueltos en placer los malos míos; miraba a todos esta salud mía, con un maravillado sentimiento: como al ciego miraron los judíos espantados de verle como vía.