- LXXVII - ¿Quién me dará un corazón tan alto que de amor pueda escudriñar los hechos, sin que mis daños propios, o provechos, se atraviesen a darme sobresalto? Comienzo a contemplar y luego salto por medio del deleite en mil despechos que me arrancan el alma de los pechos y quedo yo acusándome de falto. Cargan tristezas, mas en mitad de ellas el espíritu de amor sostiene el gusto y defiende que el desamor no tiente. Es el proceso de esto muy injusto; quema el fuego y alumbran las centellas; el bien se huele y el dolor se siente.