- XXVII - Amor me tiene por su desenfado, por descargar en mí toda su saña; y así, quienquiera sea quien le ensaña, que yo he de ser contino el castigado. No sé qué tema es esta que ha tomado, de buscar siempre cuanto a mí me daña; tiene sed de mi sangre, tan extraña, que todo su sabor es mi cuidado. Haga de mí, pues, ya cuanto quisiere; acabe ya, o yo acabaré presto, que un hombre soy, en fin, que nace y muere. Un hombre de contrarios soy compuesto; si amor no templa el golpe que me diere, mi ser destruirá su presupuesto.