- XLV - En alta mar rompido está el navío con tempestad y temeroso viento, pero la luz que ya amanecer siento, y aún el cielo, me hacen que confío. La estrella, con la cual mi noche guío, a vueltas de mi triste lasamiento, alzo los ojos por mirarla atento, y dice que, si alargo, el puerto es mío. Da luego un viento que nos da por popa; a manera de nubes vemos tierra; y ha rato ya que dicen que la vimos. Ya comenzamos a enjugar la ropa, y a encarecer del mar la brava guerra, y a recontar los votos que hicimos.