- LXXI - No es tiempo ya de no tener templanza; si mi dolor quisiese consentilla perdono mi congoja y el sentilla, y el disgusto que del sufrir me alcanza. Mas el amor me pone tanta lanza que ojalá yo pudiese no sufrilla; hagan de mí los hombres ya mancilla, siquiera porque soy su semejanza. Caigo y levanto, espero y desconfío; no tengo del vivir sino que siento: ya cuanto soy parece desvarío. Si un poco más en mi penar porfío en mí presto se acabará el tormento, su poder acabando con el mío.