- LXXVIII - El tiempo vuelve y bullen esperanzas; yo estoy atento a ver que a de ser esto. Un corazón tan flaco no es dispuesto a sostener las prósperas mudanzas. Señales hay de no sé qué bonanzas; no las tengo por buenas, si son presto. Ver en mis enemigos tan buen gesto, me pone más dudosas confianzas. Yo estaba sosegado en mis tristuras, muy contento de muy determinado; tenía bien harta mis desventuras. Estando así, sin gozos ni amarguras, sin soledad, del bien todo olvidado, revuelven a matarme sus blanduras.