- XLIII - Si mi querer pudiera algo templarse, pareciéros quizá menos pesado; con esto alguna vez ya he deseado, que en mí el amor pudiera moderarse. Mi alma en esto empieza a recatarse, y quedo con temor de haber pecado, en desear, por mejorar mi estado, que mi querer pudiera refrenarse. Mas también hallo, si esto yo deseo, que lo hago por sólo contentaros, y que es de puro amor cuanto en mí veo. Pero tanto es, en fin, mi desearos, que todo me parece gran rodeo, sino cada hora y punto más amaros.