- XLIX - Como el triste que a muerte está juzgado, y de esto es sabedor de cierta ciencia, y la traga y la toma en paciencia, poniéndose al morir determinado. Tras esto dícenle que es perdonado, y estando así se halla en su presencia el fuerte ejecutor de la sentencia con ánimo y cuchillo aparejado: así yo, condenado a mi tormento, de tenerle tragado no me duelo, pero, después, si el falso pensamiento me da seguridad de algún consuelo, volviendo el mal, mi triste sentimiento queda envuelto en su sangre por el suelo.