- XXIX - Mientras, llevado de un delfín piadoso, pasa Arión el mar, suspende el viento y las aguas enfrena el blando acento de la cítara y canto artificioso. Las Nereidas, dejando el espumoso albergue, al dulce son de su instrumento tejen en concertado movimiento festivo coro en el teatro undoso. Tetis, Nereo y Doris con espanto oyeron su armonía; ni faltaste, grande Neptuno, y tú, Glauco, saliste. ¡Oh inmensa fuerza del suave canto! Si la fiera codicia no amansaste, aguas, vientos, delfín, dioses, venciste.