- LXI - Otras dos veces del furioso Noto probé las iras en el mar turbado, y no volver jamás a tal estado, arrepentido, prometí y devoto. De la deshecha jarcia y leño roto di los despojos al altar sagrado, y apenas pisé el puerto deseado cuando olvidé el peligro y rompí el voto. Y ahora, que continua y fiera lucha mar y vientos se esfuerzan en mi daño, y sus enojos aplacar porfío, mis sordas voces sin piedad escucha el justo cielo. ¡Oh inútil desengaño! ¡Cuán tarde llegas al remedio mío!