- VII - Detén un poco la cobarde espada, cruel Pompilio, ingrato, y considera la justa empresa que a tu brazo espera, y largos siglos ha de ser llorada. ¿Posible es que se ve tu mano armada contra el gran Tulio, a quien librar debiera en igual recompensa de la fiera muerte, a tu ingratitud encomendada? ¡Oh cuán poco aprovecha la memoria del recibido bien; que al obstinado ninguna cosa de su error le muda! Desciendo el golpe sobre la alta gloria de la latina lengua; derribado deja el valor y la elocuencia muda