- XXXII - «Victorioso laurel, Dafne esquiva, en cuyas verdes hojas la memoria de tu desdén y de mi triste historia quiere el amor que eternamente viva: La antigua palma y la abundosa oliva, a ti de hoy más inclinarán su gloria; tú ceñirás en premio de victoria del fuerte vencedor la frente altiva.» Dijo el crinado Apolo, y a la dura corteza asido, la contempla, y luego repite: «¡Dafne fiera! ¡Mármol frío! Del rayo ardiente vivirás segura; que no es bien que consienta ajeno fuego quien pudo resistir el fuego mío.»