- XLVI - No los mármoles rotos que contemplo, reliquias nobles de la gran Cartago, ni de Numancia el miserable estrago, ni los despojos del efesio templo: no de Sagunto el fin, único ejemplo de la lealtad y de su injusto pago decrecen mi dolor, ni satisfago con su memoria el mal que nunca templo. Bien que prueba tal vez la fantasía, mas en vano, aliviar su desventura con el desastre de sucesos tales; mas la razón advierte que confía en remedio engañoso, si procura con los ajenos consolar sus males.