- XXXIX - «Tú, de la noche gloria y ornamento, errante luna, que oyes mis querellas, y vosotras, clarísimas estrellas, luciente honor del alto firmamento. Pues han subido allá de mi lamento el son y de mi fuego las centellas, sienta vuestra piedad, ¡oh luces bellas! Si la merece, mi amoroso intento.» Esto diciendo, deja el patrio muro el desdichado Píramo, y de Nino corre al sepulcro donde Tisbe espera. ¡Pronóstico infeliz! ¡Presagio duro de infaustas bodas, si ordenó el destino que un túmulo por tálamo escogiera!