- LVI - El gran señor del Asia, y venerado padre de tantos reyes, ¡suerte fiera!, falta sepulcro, y yace en la ribera sin cabeza y sin nombre el cuerpo helado. Y cuando se ve en Troya derramado más fuego que contiene la alta esfera, falta al desnudo tronco la postrera llama, y sólo le baña el ponto airado. En ti admiramos de la humana suerte la inconstancia, ¡oh ejemplo sin segundo!, en ti las vueltas de la incierta vida. ¿Cuál voz habrá que dignamente acierte a lamentar su fin? ¿Cuándo vio el mundo ni grandeza mayor, ni igual caída?