- XXVII - Castiga el cielo a Tántalo inhumano, que en impía mesa su rigor provoca, medir queriendo en competencia loca, saber divino con engaño humano. Agua en las aguas busca, y con la mano el árbol fugitivo casi toca; huye el copioso Erídano a su boca, y en vez de fruta aprieta el aire vano. Tú, que espantado de su pena, admiras, que el cercano manjar en largo ayuno al gusto falte y a la vista sobre: ¿Cómo de muchos Tántalos no miras ejemplo igual? Y si codicias uno mira al avaro en sus riquezas pobre.