- XXXIV - A ti, de alegres vides coronado, Baco, gran padre domador de Oriente, he de cantar; a ti, que blandamente templas la fuerza del mayor cuidado; ora castigues a Licurgo airado, o a Penteo en tus aras insolente; ora te mire la festiva gente en sus convites dulce y regalado. O ya de tu Ariadna al alto asiento subas ufano la inmortal corona; ven fácil, ven humano al canto mío: Que si no desmerece el sacro aliento, mi voz penetrará la opuesta zona, y al Tibre envidiará, el Hispalio río.