A las ruinas de Itálica Esta, a la rubia Ceres consagrada parte fecunda de la madre tierra, que el sustento común al orbe encierra de tanta espiga en la preñez dorada, fue ciudad al comercio dedicada, que la quietud y la verdad destierra, duro después teatro de la guerra que toda en sangre la dejó bañada. Del primitivo asunto restaurado, gracias rinde en el fruto repetido al circular precepto de los meses; también siéndole el tiempo agradecido no más hierro la hiera que el arado, no más peso la oprima que sus mieses.