Al Guadalquivir, en una avenida Tú, a quien ofrece el apartado polo, hasta donde tu nombre se dilata, preciosos dones de luciente plata, que envidia el rico Tajo y el Pactolo; para cuyo aroma, como a sólo rey de los ríos, entreteje y ata Palas su oliva con la rama ingrata que contempla en tus márgenes Apolo; Claro Guadalquivir, si impetuoso con crespas ondas y mayor corriente cubrieras nuestros campos mal seguros, de la mejor ciudad, por quien famoso alzas igual al mar la altiva frente, respeta humilde los antiguos muros.