- XXV - Sobre el sepulcro del ilustre griego, que honró con sus cenizas el Sigeo mejor que a Caria el rico Mausoleo; Alejandro paró, y exclamó luego: «¡Oh gloria de la Grecia!, claro fuego, cuya llama las nieblas del Leteo no bastan a encubrir, ni su trofeo robar podrá jamás olvido ciego. A ti, dichoso joven, guardó el cielo, porque eterno tu nombre al mundo fuera, del grande Homero la divina historia. Que si de aquella pluma el alto vuelo faltara, un mismo túmulo cubriera tu mortal suerte, y tu inmortal memoria.