- XXXVI - Después que en tierno llanto desordena Citerea la voz por el violento fin de su Adonis, y con triste acento el bosque Idalio a su dolor resuena, y en flor sobre el acanto y azucena hermosa, trueca el mísero y sangriento joven, modera el grave sentimiento, y el ímpetu a sus lágrimas enfrena; y no hallando a su tristeza medio vuelve al usado ornato, y reflorece del ya sereno rostro la luz pura. Así el pesar con la razón decrece, desesperado el bien; que tal vez cura a un grande mal la falta de remedio.