- LIII - Enrique, cuatro veces el estío robó al florido campo sus colores, y al verano otras tantas vertió flores por los márgenes verdes de este río. Después que lisonjero desvarío, surcando el falso mar de los amores, corrí fortuna, y roto entre clamores dados en vano, se anegó el navío. Libre a tierra salí, besé la arena, y los despojos de la undosa furia pagué, cumpliendo el voto, al sacro templo. ¿Qué me llama otra vez la faz serena del mar? Vuelva por mí mi propia injuria, y de la ajena basta en ti el ejemplo.