- XLI - Pues ya del desengaño la luz pura descubre el vano error de mi cuidado, y del camino que escogí engañado, me redice a otra senda mal segura; ¿Cómo no rompo el lazo, que en tan dura prisión me tiene gravemente atado? ¿Por qué tardo? ¿Qué espero, sepultado del ciego olvido en la región oscura? ¡Afrentoso temor, tarda pereza que estorbáis la victoria al desengaño! Ríndase a su valor vuestra porfía. No se diga, culpando mi flaqueza; «Al que atrevido se arrojó en su daño, para seguir el bien faltó osadía».