- XIII - Baña llorando el ofendido lecho de Colatino la consorte amada, y en la tirana fuerza disculpada, si no la voluntad, castiga el hecho. Rompe con hierro agudo el casto pecho, y abre camino al alma, que indignada baja a la oscura sombra, do vengada aun duda si su ofensa ha satisfecho. Venció el paterno llanto endurecida, y de su esposo el ruego, que no basta, menospreció, con un mortal desvío. «Ceda al debido honor la dulce vida, que no es bien, dijo, que otra menos casta ose vivir con el ejemplo mío.»