A Orfeo Desiertas selvas, monte yerto y frío de Rodope, que al cielo tocar osas; vosotras de Estrimón ondas hermosas a quien vencer presume el llanto mío. Seréis testigos largo tiempo, fío, de mi dolor y quejas lastimosas que en vano esparzo al aire, y con piadosas voces al rey del lago oscuro envío. Así cantando llora el Tracio amante, y a los tiernos acentos enmudece el viento, y la agua su corriente enfrena. Y enternecidas truecan el semblante las fieras -¡corto alivio!- mientras crece del ya perdido bien la justa pena.