- XXII - Con prodigioso ejemplo de osadía un hombre miró en la romana puente, resistir solo de la etrusca gente el grueso campo que pasar quería. Ni la enemiga furia le desvía, ni de la vida el cierto fin presente; con su valor dejar no le consiente la temeraria empresa en que insistía. Oigo del roto puente el son fragoso, cuando al Tigre el varón se precipita armado, y sale de él con nueva gloria. Y al mismo punto escucho del gozoso pueblo las voces, que aclamando grita: «Viva Horacio; de Horacia es la victoria».