- XLIII - Si pudo de Anfión el dulce canto juntar las piedras del tebano muro; si con suave lira osó seguro bajar el Tracio al reino del espanto; si la voz regalada pudo tanto que abrió las puertas de diamante duro, y un rato suspendió de aquel oscuro lugar la pena y miserable llanto; y si del canto la admirable fuerza enternece los fieros animales, si enfrena la corriente de los ríos: ¿Qué nueva pena en mi dolor se esfuerza pues con lo que descrecen otros males se van acrecentando más los míos?