- XXXI - Pudo quitarte el nuevo atrevimiento, bello hijo del sol, la dulce vida; la memoria no pudo, que extendida dejó la fama de tan alto intento. Glorioso, aunque infelice pensamiento, disculpó la carrera mal regida; y del paterno carro la caída subió tu nombre a más ilustre asiento. En tal demanda, al mundo aseguraste que de Apolo eras hijo, pues pudiste del alcanzar la empresa a que aspiraste. Término ponga a su lamento triste, Climene, si la gloria que ganaste excede al bien que por osar perdiste.