- XIV - La sima horrible con espanto mira en su gran plaza Roma, y el dudoso portento, grave al pueblo victorioso no enseñado a temer, suspenso admira. En tanta confusión turbado aspira a buscar el remedio, y presuroso consulta si de Jove poderoso se pudiese aplacar la justa ira. Asegura el oráculo invocado de daño al pueblo si a la grande cueva lo más ilustre ofrece de su gloria. Curcio, de acero y de valor armado, se arroja dentro; y deja con tal prueba libre la patria, eterna tu memoria.