Un amante, abrasando las prendas de su dama Pasó la primavera y el verano de mi esperanza, y el agravio mío en la estéril sazón del seco estío entrega estos despojos a Vulcano. Bien que el sagaz amor intenta en vano oponer al incendio un hielo frío, donde el turbado pecho pierde el brío y se entorpece la cobarde mano. Mas la razón, que mi derecho ampara, quiero fomente el fuego merecido: reliquias mueran de memorias mías. Y el desengaño, como fénix rara, que estuvo de mi llama consumido, vivo renazca entre cenizas frías.